EDITORIAL

Sembrar para una cosecha celestial

¿Será posible esto?

Doy gracias al Señor porque cada día crece el número de lectores de esta página en el Internet. Dios en su infinita gracia añade a quienes tienen el corazón con un terreno fértil para que estos escritos, puedan germinar y dar sus futos en la proclamación del evangelio, en el Internet.

 

Igualmente es de gozo saber que hay siervos de Dios que están pendientes de estas emotivas letras, lo cual significa que han sido muchas veces utilizadas para ser proclamados por otros y en otras partes del mundo. Esto es de alegría a mi alma, cuando me escriben referente a este sitio. Hacemos las cosas para Dios; pero siempre en nuestra naturaleza pecaminosa, necesitamos escuchar algo que nos motiva a seguir cultivando este espacio en la red.

 

Hemos de estar en este sitio, por la gracia de Dios, sembrando para una cosecha que veremos en gloria. ¿Creen ustedes que es fácil?, pues no lo es. Estar enfocados en una cosecha que es para otro mundo y no de este, ¡No! es tan fácil!. Pues conlleva mucha disciplina; pero más que todo, es la inquietud que pone el Espíritu Santo para que trabajemos en este sitio, sin treguas; pero que interesante, también, sin exigencias...

 

A veces, son horas y horas dedicadas a este portal, otras veces son días enteros, esperando que Dios quíe a un alma en el mundo para que lea algún artículo publicado. Y otras veces, es descanso, es relax, es espacio.


No obstante, somos tentados a esperar muchos halagos de este mundo terrenal y pasajero. Tenemos a veces demasiadas expectativas aquí. Queremos ratificación por nuestro trabajo en la obra de Dios, anhelamos reconocimientos, méritos y condecoraciones de los hombres. Nos cuesta trabajo sentir una voz tierna y apacible en lo más interior de nuestras almas que nos dice:
“haz hecho bien con sembrar para el Reino de Dios y punto. No esperes nada de los hombres, sino de mí, el dador de toda buena dádiva y de todo don perfecto".

 

¿Acaso creen ustedes que no ha sido una lucha constante para mí? Algunos me suguieren ideas raras:

- desarrollar relaciones en el mundo evangélico - hacer una sección de ofrendas y colaboración económica. - escribir algun libro o folleto con los temas publicados.

Por spuesto, que cientos de veces soy tentado. Aún es más complicado, a veces no tengo deseos, ni de escribir más, o de dedicar más horas al trabajo y a la presentacion de este Portal en el Internet.

 

De algo si estoy seguro, y es que esta página ha sido el resultado de mis encuentros más sinceros y menos religiosos con Dios. Es el regreso sin tradiciones impuestas a la Casa de mi Padre Celestial. Es mi nueva conversion a Cristo, sin imposición de persona o de compromiso social. Es lo mejor y más precioso que haya salido de mi corazón.

 

Anhelo que la gloria de este sitio sea en el cielo, si hay calles de oro o no, no lo sé; pero que por ellas, (solo por gracia) caminar pueda, un dia, en compañia de alguien en el mundo que me dice: Samuel, yo leía de vez en cuando, tus reflexiones, en la red.

 

Y esa será mi gloria. Eso quiero, eso sólo anhelo, alli quiero mi galardón y con el me muero. Caminar con amigos y amigas que un día por alguna razón pudieron saborear las cosas del cielo, que por medio de estas sencillas letras, tan preciosas, que a veces sin poder, las vuelco.

 

¿Acaso, queremos estar realmente contentos al predicar a Cristo?, entonces habremos de poner toda nuestra ratificación en él mismo y sólo en él. Mejor nos sería, no esperar nada de los hombres y de esa falsa “vanagloria y fortuna terrenal” que el mundo ofrece.

 

No quisiera nunca sentirme agotado y triste porque no he llegado a saborear el reconocimiento. No quiero ir por las veredas llevando el evangelio para ser aprobados por estos o aquellos. No quisiera que me abrume la fama, la vanagloria y el buen visto del competente mundo evangélico.

 

No obstante, a todos aquellos que me escriben a cada rato y que me dejan saber algo. Muchas gracias. A todos los quiero, todos me fortalecen a seguir adelante en este sublime anhelo, de este sitio que proclama las buenas nuevas.

 

Pero sobre todas las cosas, quiero, que no dejen de tenerme presente en sus plegarias al cielo, de ellas necesito para poder seguir cultivando mi alma, para poder tener fuerzas divinas (porque no son nuestras), para desarrollar esta página que tanto mi alma desea.

 

Dios les bendiga, les quiero,

Samuel.

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