Declaracion de fe (pág 2 de 3)
Creo en el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios, el Espíritu de Jesucristo, el Espíritu de la Trinidad. Que Dios nos lo envió como consolador y morador interno de nuestras almas. Creo que el Espíritu Santo procede del Padre. Que está aquí para dar gloria a Jesús, y convencernos de pecado, de justicia y de juicio. Creo que toda la obra de conversión en el creyente no es por obra de esfuerzo humano alguno sino que es el Espíritu Santo quien trabaja, obra, y reforma el corazón muerto en delitos y pecados, del hombre impío. Haciendo morada en el, sólo por decreto y providencia divina.
Creo en la salvación, la cual es operada por Dios y totalmente por gracia. Una salvación totalmente gratuita por medio de la muerte redentora de Jesús, en la Cruz del Calvario. Quien sufrió el castigo como un representante de toda la humanidad y que literalmente murió de manera física y que resucitó al tercer día de entre los muertos para darnos su justicia. Para que aceptemos el don del Dios, que no es por nosotros, sino por la fe en la Obra de Cristo. El justo y santo, el que no conoció pecado, sufrió el castigo de todos nosotros. Dios cargando en él, el pecado de todos nosotros. Creo que la salvación es del Señor y procede del Señor. Es iniciativa de Dios, continuida de Dios, consumada por Dios y sostenida por Dios. Parece un juego de letras, mas no es así: Es el Señor quien me libra de la ira del Señor. Creo con certeza que los hombres no podemos aportar absolutamente nada en lo que atañe a nuestra salvación, salvo aceptarla humildemente por gracia y solo gracia.
Creo en la libertad cristiana. Que cuando aceptamos a Jesús dejamos de ser gentiles y esclavos, y somos adoptados como hijos libertados. Con la libertad que Cristo nos hace libres. No para hacer uso de la libertad para pecar, pues a eso nunca nos conduciría o nos motivaría realmente el toque divino de su Santa Gracia.
Creo en las buenas obras. En la progresiva y lenta santificación de la vida cristiana del creyente. El testimonio y las obras del cristiano no son más que la demostración evidente de lo que Dios ha estado haciendo desde el día de su conversión. Todo lo bueno, que en un cristiano genere, no le hace merecedor de beneplácito y complacencia alguna por parte de Dios. No puede ningún creyente manipular a Dios ni a través de obra humana alguna o esperar nada a cambio de parte de Dios, por sus miserables obras. Sólo son válidas las obras del creyente y su precioso testimonio, cuando estos fluyen como resultado del efecto divino de la inconcebible Gracia Divina operada en el corazón del pecador redimido y no por moralidad impuesta o por esfuerzos propios del hombre.
Creo en todos los dones y frutos del Espíritu Santo. Siempre rogando a Dios por discernimiento de lo alto, para entender realmente cuando estas manifestaciones vienen genuinamente del Padre de las luces. Creo en el orden que procede de Dios. Creo en la humildad bíblica y la sencillez espiritual de las personas que tienen dones espirituales, entregados por Dios y no por gestión humana alguna.
Creo que todos los hombres son pecadores, que nacen a imagen y semejanza del primer Adán, que pecó. Que no hay ni uno santo, ni uno justo en toda la tierra. Que todos hemos pecado y que nuestros pecados han establecido una separación extrema entre Dios y nosotros.
Creo que nuestra propia naturaleza congénita es pecaminosa. La cual nos condena al castigo eterno del infierno. Creo que ningún hombre pudo, ni podrá jamás ser salvo por sus méritos o acciones sin aceptar por fe, la salvación provista por Dios, a través de la obra expiatoria de Jesucristo. Solo un hombre no pecó: Jesucristo, hombre.
Creo en las consecuencias inconcebibles del pecado original. Totalmente afectado el hombre y la creación misma, por la caída en el paraíso. Creo que definitivamente debido a nuestra propia necedad no comprendemos del todo las consecuencias y resultados tan graves a los que nos han conducido el pecado original. De igual manera no contemplamos todo el daño que ha conllevado a la creación misma. En otras palabras, creo en la depravación total del hombre.
Creo en la iglesia universal de Jesucristo. La verdadera, que es una sola, que es novia del Cordero, y extendida por toda la tierra. De toda nación, tribu y lengua. Creo que es la que está fundamentada en todas las enseñanzas de Jesús por medio de los apóstoles sin añadir ni quitar nada. Es el cuerpo de Cristo que no está dividido. Compuesto por todos los creyentes que han creído a Jesús como el hijo de Dios, y que han reconocido el sacrificio perfecto y consumado de Cristo en la cruz de Calvario. Como obra única y sin añadiduras para la redención de sus almas. Creo que el Espíritu Santo es quien nos revela y da testimonio, a nuestras vidas, de que somos hijos de Dios.
Creo en el bautismo por inmersión en las aguas conforme al mandamiento de Cristo Jesús. Creo que los creyentes deben ser bautizados como testimonio público de su fe, en el precioso sacrificio de Jesucristo.
Creo en la Santa Cena. La cual fue instituida por el mismo Señor Jesucristo, horas antes de su crucifixión. Celebración que es una representación simbólica del sacrificio y muerte de Jesucristo. Por lo cual se debe celebrar con dignidad, al recordar la obra de expiación de Cristo. Jesús mismo ordenó a la iglesia a celebrar esta ordenanza.