Reflexionando en familia...
La soberanía de Dios es un misterio. Millones de cristianos han debatido el tema, por muchos siglos. Aun más profundo seria comenzar a meditar en la elección incuestionable e incomprensible de los escogidos de Dios.
Y desde este tema tan amplio saltábamos a la cosmovisión de un mundo galáxtico - estelar donde solo las grandes galaxias formadas con sus billones de estrellas surcan el espacio infinito a velocidades cercanas a la velocidad de la luz, un promedio de unas 186,282 millas por segundo. ¿Ha pensado usted que junto con el sistema solar y toda nuestra galaxia (La Vía Láctea) viajamos a unas 186,000 millas por el espacio, en cada segundo de nuestro reloj? Nuestras mentes no lo comprenden.
Al solo comenzar a asomar la mente a un mundo estelar tan infinito e insondable podría dar dolor de cabeza a cualquiera de nosotros; pero a pesar de ello hemos de anotar otro científico hecho que la ciencia de nuestro siglo XXI respalda con toda comprobación científica. ¿Cuál es el tamaño de la tierra por ejemplo en comparación con toda nuestra galaxia?
Sencillamente que somos ni más ni menos que una partícula de polvo cósmico dentro de toda la inmensidad que sustenta nuestra galaxia, La Vía Láctea. ¿Qué esperar de compararnos con todo el Universo estelar?
La astronomía moderna sostiene como dato científico que el espacio está lleno de millones y millones de galaxias cada una separadas de otras y que viajan a las velocidades antes mencionadas. Todo el espacio cósmico va a este promedio de velocidad regulada, unas 186 000 millas por cada segundo que transcurre en nuestros relojes de pulsera. ¡Cuánta maravilla crea el hombre en un puto del espacio! ¿Verdad? ¡Cuánta vanidad y tesoro incomparable creemos tener todos en este punto de polvo cósmico...
Y seguíamos teologizando en casa y llegábamos a la conclusión que pareciera que Dios solamente ha dejado que el diablo trastorne un poco, sólo y no más que este punto del espacio. Pues todo lo circundante es preciso y eficaz con extrema exactitud. Es que precisamente aquí está Dios formando a sus escogidos de todas las naciones y lenguas del planeta tierra. Gente sincera, transparente, genuina, que dialogan con El y que le cuestionan. Son seres razonables, pensantes y con cierta semejanza a Dios; pero que le aman de verdad, sin mascaras ni caretas (con un corazón sincero, arrepentidos, y quebrantados por el pecado que en ellos mora) porque han sentido en lo más profundo de sus almas que Dios les amó primero. Este hecho ultimo, este gran misterio de la elección de Dios, el cual es incomprensible, incuestionable y sin razón alguna, pero que saben los que le conocen a Dios y que El los conoce a ellos. No hay reservas, todo es transparente entre Dios y los suyos.
Termino, algo quizás irónico, quizás algo cómico, quizás poco religioso, de protocolo de liturgia, pero ¡Ojala Dios no estornude para nada sobre este sensillo punto! ¡Ojala Dios siga observando esta partícula de polvo cósmico con ternura y con amor! ¡Que su gracia nos siga sosteniendo! Que nosotros meditemos de vez en cuando que no somos nada, un punto de polvo cósmico en medio del espacio interestelar.
"Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos". (Salmos 19:1)
