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Napoléon Bonaparte ( 1769 - 1821),
Militar y hombre de estado francés. General durante parte del período de la Revolución Francesa y cabeza del estado de 1799 a 1814.
Napoleón derrotó sucesivamente a cuatro generales austriacos A traves de él. Francia pudo conservar territorios conquistados, sus e éxitos fortalecieron a Francia.
Conquistó Egipto, que se encontraba bajo el dominio del Imperio Otomano. Sin embargo la flota francesa fue destruida por el almirante británico Horatio Nelson, lo que sumado a la derrota francesa en la batalla del Nilo, dejo a Napoleón aislado.
Bonaparte ordeno que en Egipto la servidumbre y el feudalismo fuesen abolidos y los derechos básicos de los ciudadanos garantizados. La situación propició el desarrollo de importantes estudios sobre el Antiguo Egipto entre los que destaca el descubrimiento de la Piedra de Rosetta.
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Napoleón y el Soldado
Se dice que en cierta ocasión el Emperador Napoleón I se encontraba delante de un
grupo de soldados, cuando de repente su caballo se desbocó; entonces un soldado raso
se lanzó hacia el caballo, y, cogiendo el freno del caballo, pudo pronto detenerlo. Se dice
que Napoleón saludó al soldado raso y le dijo: “Gracias, mi capitán”. El soldado se
sorprendió al oír a Napoleón decirle “capitán”, pues él era un simple soldado raso, pero
inmediatamente pensó que se encontraba delante de Napoleón, y que si él quería, podía
hacerlo capitán. Así que, saludó a su Emperador y le preguntó: “¿De qué regimiento, mi
Emperador?” El emperador le contestó: “De mi guardia personal.” Aquel soldado raso se
presentó como capitán ante el jefe de la guardia personal de Napoleón; el oficial, viéndolo
con uniforme de soldado raso, le preguntó: “¿Capitán, por órdenes de quién” — “Por
órdenes de mi Emperador, Napoleón I.”
En ese momento dejó de ser soldado raso y llegó a ser capitán. Si este soldado raso no
hubiese tenido fe, hubiera dicho: “Mi Emperador me dice capitán, pero yo no soy más que
un soldado raso. Por el susto que le dio el caballo, se equivocó y me dijo capitán”, y se
hubiera ido a tomar su lugar y habría permanecido soldado raso toda su vida.
Todos nosotros por naturaleza somos “hijos de ira”, hijos de desobediencia; pero Dios
en su infinito amor e infinita misericordia quiere hacernos sus hijos. En el evangelio de
nuestro Señor Jesucristo según Juan 1:12, encontramos estas preciosas palabras: “Mas
a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser
hechos hijos de Dios.”
Además de ser hijos de Dios hay momentos en la vida en que necesitamos mirar más
allá de la condición en que estamos y estar listo a ocupar la posición que Dios quiere que
tengamos. Son muchos los que se conforman con ser simplemente soldados rasos,
cuando Dios incluso les está abriendo puertas para ser capitanes. Si creemos...al que
cree todo le es posible. Dios jamás le abre puertas a nadie sin antes prepararlo para que
entre por ellas.
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por
esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. (1ra de Juan 3:1)
¿Sabia Ud. que nos queda mucho por recorrer en esta vida espiritualmente para estar
totalmente convencidos de nuestra identidad como hijos de Dios?
Reflexione en ello.
