¿Cómo saborear otra Navidad?

Por Samuel Santiesteban

Indiscutible que esta época tan festiva del año, a veces, nos opaca el espiritu y contrita nuestros corazones. Se mezclan sentimientos diversos, se recuerdan seres queridos, se extrañan otros que están lejos. La Navidad parece incompleta, una pieza falta en el rompecabezas. A veces, un quebranto, una nostalgia, una pena. Nos envuelve un sentimiento y no sabemos saborear una Navidad plena. ¿Cómo lograr la alegría en esta Navidad? ¿Cómo hacedla una Navidad bella? ¿Cómo disfrutar la conmemoración del nacimiento de un niño que vino al mundo, para darme una identidad nueva? ¿Cómo sentir algo, que exalte mi espíritu, para que el gozo de mi salvación, valga la pena?

Las tradiciones de Navidad por todas partes llegan. Los mercados nos recuerdan la época, y las aparentes rebajas navideñas, nos desvelan. Cientos de imágenes, símbolos y adornos nos confunden, y su vez opacan la celebración del nacimiento del niño-Dios que al mundo llega.

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. (Isaías 9:6)

Una nueva perspectiva navideña podría no enfocar toda mi atención, en el gozo y la alegría que el nacimiento conlleva. No es el pesebre, la estrella, los magos, los pastores, los regalos y las velas la única satisfacción que la Navidad promueva. Sin temor a equivocarme proyecto a Jesús, del pesebre a la cruz en una contemplación serena. Es allí, donde encuentro el mensaje más hermoso de una Navidad totalmente nueva. Cristo nace no tanto por navidad, como por expiación. Es allí en su cruz que puedo clavar mis pecados y aún mis culpas, más negras. Todos los famosos estribillos navideños podrían ser sustituidos por aquellos que me expresan el mensaje más hermoso y más bello.

haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:8)

Todo lo pagó, Cristo quien por mí, libremente derramó, su sangre carmesí”. “Hubo quién por mis culpas muriera en la cruz, aún indigno y vil como soy” “En la cruz, en la cruz do primero ví la luz y las manchas de mi alma, yo lavé” Sin temor a menguar o degradar la grandiosa celebración que la Navidad conlleva. Propongo sin conjeturas, llevar a Cristo Jesús del pesebre a la cruz, del nacimiento a su muerte, de su natividad a su resurrección.

Puedo entonces contemplar el gozo de mi salvación en medio de la nostalgia que la Navidad me deja. Puedo apreciar aquí, el mensaje más precioso de las Buenas Nuevas. Si tiene usted, la oportunidad de predicar, enseñar, o exponer a alguien un mensaje en esta Navidad...mi propuesta por este medio, es un grito desesperado: ¡No Temas!

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2da de Corintios 5:21)

Proyecta a Cristo Jesús del pesebre a la cruz. Cambia el tema del nacimiento, los pastores, los ángeles, el establo, sus caballos, sus ovejas, por el derramamiento de la sangre de Cristo, el cual nuestra alma desesperadamente anhela. Este es en verdad, el mensaje más poderoso de las Buenas Nuevas. Cristo en la cruz del Calvario muere por tus pecados y los míos, en una noche realmente poco serena. ¡Feliz Navidad! Dios nace y muere por nosotros.¡A Dios sea la gloria!

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Lucas 19:10)

Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45)

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