Una serie de ensayos titulados: "De corazón a corazón"

La basura que mi corazón anida

Por Samuel Santiesteban

Vivimos en una era tecnológica, donde se producen discos duros para el soporte de la información, estos tienen una capacidad increíble. Los gobiernos llevan el control de todos sus ciudadanos y de sus datos personales. A un sólo golpe del ratón y todo el equipo vomita. Sin embargo cuán lejos está el hombre moderno de poder llegar a poseer forma artificial alguna que compare el nivel de capacidad y procesamiento que nuestra propia materia gris contiene. Se afirma que usamos un por ciento muy reducido de toda nuestra capacidad plena.

Dios ha utilizado a través de los siglos un significado muy amplio para la palabra corazón. Y bíblicamente el corazón es  la base de nuestra vida intelectual también. Viene a ser sinónimo de mente. El corazón: tiene pensamientos (Hebreos 4:12), los malos vienen de él (Mateo 15:19), atesora conocimiento (Salmos 119:11)

La Biblia nos dibuja el corazón como el centro de nuestras actividades intelectuales, emocionales, volitivas y espirituales. El corazón puede ser incluso duro o sensible a las cosas de Dios.

Toda mi vida va estar muy marcada de todo lo que mi corazón anida, desarrolla y haya procesado durante todos los años de vida. Debo estar presto a una retrospectiva a lo más hondo de mi propio corazón. Porque no somos a veces capaces de mirar tanta basura, desprecios, pecados, lujurias, envidias, celos, humillaciones, odio, falta de perdón, resentimientos, frustraciones, agonías y mucho más, que se ha venido albergando en las grietas más oscuras y profundas de nuestros propios corazones.

A veces no deseo hacerlo. A veces no quiero ni mirar de lejos tanta basura escondida y arrinconada entre mis más bellas dulzuras. !Qué ironía; pero así es!.En otras ocasiones no decido tomar tiempo y espacio para hacer un alto en esta agitada vida y comenzar a descubrir toda esta agonía.

Llevamos mucho tiempo almacenando desperdicios, programas incompletos, virus y cáscaras muy similares a las que se esconden en los modernos discos duros.

Hemos atesorado desprecios, calumnias, humillaciones, desvalorizaciones, golpes físicos, vergüenzas, culpas, y maltratos de toda índoles, incluso de órdenes espirituales, frustraciones, sueños quebrados, y destrozados. Todo esto, sólo nos han producido una sed desesperada por justicia y una ansiedad ardiente por juicio humano o divino; pero de algun modo y con urgencia. A mí a veces se me olvida que la justicia está en Cristo y deseo tomarla con mis propias manos..

Esto me ha llevado a una falta de perdón en el corazón. A tener resentimientos, a estar a la defensiva. A ser hallado culpable, indigno o miserable cuando en realidad no lo soy. ¿Qué hacer con toda la miseria que mi corazón anida, creando una coraza protectora contra Dios mismo y en contra mía?

A veces me pregunto: ¿Estoy dispuesto a presentar toda esta basura a quien me ha salvado por gracia pura? He aquí que debo retomar una vez más el evangelio en mi vida. Predicarme las Buenas Nuevas cada día. No seré jamás aceptado por mis propias memorias, ni por mis propias miserias y basuras, aún cuando las he tenido con ternura. No habremos de merecer el beneplácito divino por alguna obra alguna. No habrá manera de garantizar el cielo por justicia. Nuestros pensamientos nos dejan descalificados ante el Dios santo y lleno de adsoluta justicia.

Nuestra salvación consiste sencillamente en un descanso pleno y total en la Obra de Cristo, en la Cruz del Calvario. Recuerdo las letras tan elocuentes de un viejo himno que dice: “Todo lo pagó, Cristo quien murió, él libremente derramó su sangre carmesí”. ¿Puedo acaso gozarme plenamente en ello? ¿Por qué no puedo hacer de la cruz mi gozo más pleno?

He de ir optando por una mirada seria a las miserias y basuras que mi corazón alberga. Quiero estar consciente de tales barbaries, quiero meditar en ellas, para también estar seguro de que han sido lavadas por esa Sangre tan bella.

Debo confiar plenamente en que toda esa podredumbre puede sanar también, algun día y de alguna manera. Quiero que Dios la sane. Que limpie con su sangre todas mis miserias, las más negras. Quiero que el Señor me ayude a reemplazar lo feo por lo bello, lo duro por lo noble, lo negro por lo blanco, que es un milagro tan grande, que sólo pueden hacer las Buenas Nuevas.

Mi propia sugerencia para un corazón bello

Quiero reflexionar cada día en las cosas que me edifican. Habré de pensar cada rato, en las verdades eternas, las cuales a mi alma elevan. Sin que una ley ruda sea quien me dirija, quisiera ir desarrollando una meditación más plena. Tratando de atesorar cosas nuevas y frescas sobre tantas cosas viejas. Es un formato completo al disco duro de mi corazón, hoy en día.

Es una obra soberana del Espíritu Santo en mi vida, la que podría rellenar mi corazón de nuevas categorías. Oración, que a mi Padre Celestial ruego con gran devoción y sinceridad plena.

Esperando que en los años que restan pueda ir reduciendo y desechando toda esa agonía. Restaurando y grabando las Nuevas Palabras de Vida. Que harán como resultado que otros quieran compartir conmigo, el tesoro más precioso que mi corazón abriga.

 

Amén.